Durante la Guerra Fría, la CIA financió en secreto el Expresionismo Abstracto, incluyendo a Pollock, Rothko o de Kooning, como herramienta de propaganda contra la Unión Soviética. Colaboraron el MoMA, los Rockefeller y los Guggenheim. Los artistas no lo sabían.
Pero hay otra historia dentro de esta: la de Janet Sobel, Lee Krasner y las decenas de artistas que la CIA borró del relato. Y la de los que fueron activamente destruidos por no encajar.
La CIA financió museos, exposiciones y críticos de arte para convertir el arte moderno en propaganda cultural contra la Unión Soviética, manipulando el mercado, los museos y la narrativa artística mundial. Esta campaña sigue marcando lo que entendemos como “arte contemporáneo” hasta hoy.
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